El arte de caer enfermo

 

EL ARTE DE CAER ENFERMO

(I)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

Si desean enfermar, lo más importante es que presten mucha atención al modo en

que usan sus cuerpos. Una enfermedad que ha sido tomada y colocada, por así

decirlo, del exterior en sus cuerpos nunca dura. La mejor forma de tratar el cuerpo

para que caiga enfermo consiste en no descansar tras usarlo. Pero no dejar

descansar al cuerpo es extremadamente doloroso y difícil. El problema principal está

en que uno se adormila y, una vez que se duermen, todo ese cansancio persistente

desaparece. Deben, por lo tanto, cansarse de tal forma que su fatiga no

desaparezca con el sueño y para esto necesitan algún tipo de estrategia especial.

Hay, convenientemente, una técnica por medio de la cual uno emplea una parte

singular del cuerpo en exceso para hacer que el cuerpo se canse de un modo

parcial. Pero si, conscientemente, intentan hacer uso de esta técnica, les será difícil;

aunque las cosas se vuelven más fáciles si pueden mantener una parte de su

cuerpo en una postura de cierta excedencia [de energía] permanentemente.

En tanto en cuanto hacen uso de su cuerpo éste descansa sin que se den cuenta de

ello, y una vez que lo hace, se vuelve fuerte y se desembaraza de su cansancio; por

ello otra estrategia puede ser que no usen sus cuerpos, de forma que se les oxiden.

Pero incluso con esta estrategia el éxito no está, a menos que sean

extremadamente tenaces, garantizado puesto que el cuerpo tiene funciones

autónomas que son llamadas a funcionar si se mueven sin percatarse o bostezan

del puro tedio de no moverse; el resultado es que el abandonarse es casi imposible.

Nadie encuentra el enfermar placentero y si desean sucumbir a una enfermedad, les

será realmente bastante difícil. Si deciden que quieren desarrollar una diabetes o un

problema de hígado, no serán capaces de conseguirlo sin gastarse un montón de

dinero. Si no tienen el tiempo, el dinero y la firme voluntad de espíritu que les

permita echar paladas de comida en sus estómagos incluso cuando éste ya está

lleno, no podrán sucumbir a estas enfermedades. Aunque haga todo lo posible, el

estómago de una persona estará desequilibrado antes de desarrollar una diabetes, y

no será capaz de comer. De forma que si esa persona tiene la voluntad de espíritu

que he mencionado, no será capaz de sucumbir a la diabetes a menos que tenga un

estómago chapado de hierro.

La forma más corta es persistir seriamente en cierta inseguridad y angustia mental

durante seis meses y, si realmente sufren, pueden, si son extremadamente

afortunados, sucumbir a la diabetes – pero no como resultado de la forma en que

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coman. Pero incluso esta no es una forma correcta de llevar a cabo las cosas. Si

descuidadamente se deslizan hacia una actitud mental relajada o se animan por

cualquier esperanza, los síntomas de la diabetes que tan arduamente han elaborado

desaparecerán repentinamente. Con la diabetes, incluso la orina adquiere un

espléndido rico aroma a manzanas, de forma que es un serio error suponer que

pueden cogerla sin gastarse dinero y confiar tan sólo en la incertidumbre y la

angustia mental.

Lo mismo se aplica a un caso de desorden del hígado. Aunque puedan hacer un

gran esfuerzo y llenen su estómago de comida, perderán lo ganado si tienen una

diarrea. Además, el tener que estar comiendo continuamente comida grasienta es

una tarea ardua; y si tan sólo toman comida grasa un poco en exceso, desarrollarán

una diarrea y su hígado no se les hinchará. Deberán mantener pacientemente un

estado de irritación aguda y de rabia. Si, irreflexivamente, se ríen porque los demás

lo están haciendo, su hígado retornará a su estado normal repentinamente. Es como

un pequeño corte, el cual, si no se fijan, sana pronto. Así que deben estar

constantemente atentos de mantener sus sentimientos de incertidumbre y ansiedad

durante todo el día y todos los días.

Así que, no importa cuanto lo intenten, tan sólo podrán adquirir la enfermedad que

se les ajuste. Pueden tener el tiempo, el dinero, el coraje de persistir así como el

sentimiento de inseguridad y pueden estar en un estado de atención perseverante

pero sus esperanzas de ser golpeados con una tuberculosis no pueden ser

respondidas simplemente como resultado de estos factores. Incluso aunque los

bacilos de la tuberculosis entren en sus cuerpos, estos no se extenderán a menos

que las condiciones les sean propicias. No sólo eso: ustedes tienen en su sangre

unas bandas feroces de corpúsculos blancos que matarán los bacilos y se los

comerán. A menos que los bacilos escojan un lugar inapropiado para estos

corpúsculos blancos, les es difícil extenderse. Deberán volverse de corazón

acongojado, pobre de espíritu, machacado por las deudas, pero esto no significa que

los bacilos de la tuberculosis les harán el favor de meterse en sus cuerpos; e incluso

aunque lo hagan, no se extenderán a menos que ustedes hayan escogido unos

padres que les hayan hecho un cuerpo que les dé la bienvenida a los bacilos. Pero a

fin de escoger a sus padres, deberán de volver a nacer y eso es bastante difícil en

esta vida. No es como la gonorrea para la que tan sólo deben gastar un poco de

dinero y esfuerzos. Incluso aunque la tuberculosis se coge con facilidad, es difícil

para una persona normal nutrir la semilla de esta enfermedad de forma que se

vuelva floreciente. Y la lepra es aún más difícil de desarrollar que la tuberculosis.

Incluso si planean coger algo tan simple como un catarro es un gran error suponer

que lo cogerán meramente como consecuencia de enfriarse profundamente. Si han

decidido coger uno echándose cubos de agua fría, contrariamente a lo que desean,

los alejarán. Lo que estarían haciendo no difiere en absoluto de los métodos de

mantenerse en forma: frotarse con una toalla empapada o tomar baños de agua fría.

Si desean coger un catarro es difícil hacerlo. Incluso si hacen un tremendo desgaste

físico, no comen lo suficiente y no duermen adecuadamente, no podrán estar

seguros de cogerlo. Si, con la presunción de que pueden coger un catarro como

resultado de coger frío, desnudan su trasero y se sientan en el retrete durante una

hora, definitivamente no lo cogerán. Por otra parte, hay personas que cogen algunos

estupendos meramente porque se quitan las bufandas o se mojan los calcetines, y

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por eso se los debe envidiar. Incluso si cogen uno, se pueden recuperar

inmediatamente sin siquiera desarrollar una fiebre; el resultado es que el sufrimiento

por el que pasan antes de coger el catarro es inconmensurablemente mayor que el

que tienen mientras lo están pasando, cuando pueden descansar y tomarse las

cosas con más calma.

¿Cómo libremente una

puede serlo fácilmente? Es un problema más difícil que el curar una dolencia. Un

corte o una dolencia son cosas que generalmente mejoran por sí solas si no se les

presta atención, de forma que si quieren que empeoren deben hacer un esfuerzo

mayor que si intentasen curarlas.

Siendo este el caso, ¿qué es lo mejor que podríamos hacer? Se lo diré la próxima

vez.

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EL ARTE DE CAER ENFERMO

(II)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

Emplear una presión sanguínea alta para enfermar

Uno no puede considerar realmente la presión sanguínea alta como una enfermedad

pero eso no quiere decir que no se la pueda convertir en una enfermedad: esto se

consigue acongojándose y asustándose ante ella. Pero dado que la alta presión

sanguínea no es en sí fundamentalmente una enfermedad, se olvidarán que están

enfermos si no se engañan a ustedes mismos con mucha habilidad. No deben

olvidar ni un instante que están enfermos, y deben hacer constantemente un gran

alboroto de lo mal que están. Si no tienen el tiempo, no podrán hacerlo. Y para

conseguir el tiempo necesario deben estar preparados para gastarse un montón de

dinero.

A fin de subir su presión más y más deben crear, inteligentemente, un estado en el

que la circulación sanguínea se vea obstaculizada. El agua fluirá de un grifo como

resultado de la presión normal del agua en un hogar pero si deciden vivir en lo alto

de una colina o si ensucian las cañerías de algún modo, el agua no fluirá como

resultado de la simple presión del agua; con esta última no bastará. Pero en el caso

de la obstaculización de la sangre, la presión sanguínea automáticamente se eleva y

los vasos sanguíneos se contraen. De este modo el cuerpo se ajusta naturalmente

para que circule la sangre: la sangre no puede no circular. La presión sanguínea

necesaria en tal caso es diferente del común de la gente pero pueden “vigilar” su

presión, hacer mucho alboroto de la misma, consiguiendo la atención de otras

personas preocupándolas y, empleando hábilmente su “certificado” de alta presión

podrán dar la apariencia de estar enfermos. A fin de hacer esto, sin embargo, deben

mantener algún tipo de obstáculo para la circulación de su sangre por lo que deben

comer constantemente comidas grasas, crear una aversión hacia el trabajar, rehusar

mover un dedo aunque eso suponga preocupar a otras personas, estar siempre bien

provistos de mal carácter y estar, generalmente, con poca paciencia e irritable; y

para tener éxito en todo esto deben practicar. Si, como resultado de no tener apetito,

comen menos, una presión sanguínea de 250 rápidamente caerá a 50 ó 100. Deben

ser cuidadosos a la hora de expresar su ansiedad. Deben dar la apariencia de estar

despreocupados y ganarse la simpatía de las personas que les rodean. A menos

que hagan esto, les será difícil mantener como enfermedad una presión alta. Y salvo

que recuerden constantemente a las personas de su alrededor que estarán en

problemas si a ustedes les da una apoplejía, ellos acabarán por aburrirse como

ostras de ustedes y de su estado físico. A menos que siempre estén desconcertados

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por banalidades, asustados por asuntos triviales y, además, que fanfarroneen de no

amilanarse por sus incapacidades físicas, los demás no se convencerán. Así pues,

este método está más allá de las habilidades de una persona joven. Se necesita la

experiencia de la edad para ello.

Incluso así, es discutible si simplemente comer, ser perezoso, no moverse y estar

constantemente asustado basta para que les suba su presión sanguínea. Cuando

quieran orinar nunca deben ir derechos al baño; deben contenerse tanto como

puedan y continuar con lo que estén haciendo. El beber alcohol también es eficaz. Si

tan sólo beben uno o dos vasos de algún tipo de bebida alcohólica su presión subirá,

pero pronto caerá de nuevo así que deben continuar bebiendo unos cinco o seis

vasos, o una botella de una sentada. El hecho de beber alcohol no resultará

necesariamente en una subida de su presión sanguínea, como tampoco el meterse

una comilona. Lo importante está en hacerlo en exceso. Incluso comer arroz en

exceso, si se hace durante cinco o diez años, puede contribuir a subir la presión

sanguínea. La clave es la paciencia. No pueden hacerlo inmediatamente.

Si adoptan la táctica de trabajar físicamente hasta la extenuación, deben hacerlo

siguiendo incluso hasta después de que sus músculos se hayan vuelto tan rígidos

que apenas puedan moverse. Es lo mismo que comer arroz en exceso. No deben

tomar nada con él. Deben concentrarse en comer únicamente arroz. Por lo tanto,

una persona que carece del necesario auto control no puede tener esperanzas de

desarrollar una presión alta.

Incluso aunque tengan éxito en elevar su presión, sus vasos sanguíneos no están

hechos para que estallen como simple resultado de la sangre circulando por ellos. A

menos que tengan éxito en endurecerlos, es difícil que estallen. De nuevo, a menos

que entrenen sus emociones de modo que se encuentren en un constante estado de

irritación, de que pongan todas sus energías en estar enfadados, ser celosos,

abusar del sexo, nunca desarrollarán la “fobia a la alta-presión-sanguínea” que es

resultado de la expectativa de un ataque de apoplejía. Y tras ello, si no están

rodeados constantemente de médicos y enfermeras, como una turba de bufones

cortesanos, no serán capaces de mantener su estado físico como una enfermedad

propiamente; mantenerla en este estado es mucho más difícil que desarrollar una

presión alta.

Si son adictos a licores baratos durante quince o dieciséis años puede ser

comparativamente fácil obtener una presión alta, e incluso más eficaz sería buscar

un sitio donde el agua fuese mala y vivir allí el mismo tiempo. De modo que, cuando

vean a un infeliz medio paralizado arrastrándose por la calle, deben descubrirse en

reconocimiento a sus largos años de esfuerzos.

Pero es algo terrible: deben afanarse en sus esfuerzos pero un solo instante de

descuido puede resultar en que sus cuerpos retornen a su estado saludable inicial.

Deben esforzarse durante unos cuantos años en conseguir un estado físico de alta

presión sanguínea, pero si andan cortos de dinero durante tres o cuatro meses sus

cuerpos volverán a sus estados iniciales como sucede con otras enfermedades.

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EL ARTE DE CAER ENFERMO

(III – 1)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

La clave para volverse un inválido

Si es tan desafortunado de ser una de esas personas que toman responsabilidad de

sus actos, pronto se recuperará si cae enfermo y no será capaz de mantener su

enfermedad. De hecho, en primer lugar debe volverse un inválido antes de poder

mantener una enfermedad indefinidamente.

¿Qué debe hacer uno para volverse un inválido? La clave está en creerse que las

acciones de uno están siempre determinadas por factores externos. Se debe a que

son malos tiempos. O las cosas son como son por lo que hizo alguien. Y mientras

piense de este modo uno debe entrenarse a sí mismo en que es el otro al que no le

gustamos, cuando en realidad es que es a usted quien le desagrada el otro.

Habiéndose entrenado de esta forma encontrará que le es fácil echar la culpa de sus

actos a otro – encontrará todo tipo de pretextos. Muchas personas emplean la

guerra o sus secuelas [Noguchi habla aquí de la Segunda Guerra Mundial y sus

secuelas en Japón] como excusas, e incluso hoy día pueden verse excombatientes

mutilados pidiendo en las estaciones de transportes. Las instituciones sociales, las

instituciones familiares, el hecho de estar amedrentados por los superiores – no

faltan excusas convenientes [para ese comportamiento de no aceptar

responsabilidades]

Una forma corriente es la de convencerse de que las cosas han llegado a ser como

son porque, digamos, alguien rehusó a prestarle dinero, y el hecho de que se sienta

indispuesto se deba a la culpa de otra persona. Si da el paso siguiente y le coge

rencor a esa persona, atribuyéndole su rehúso a un acto de mala fe, habrá

conseguido entonces dar el primer paso para desarrollar el temperamento de un

inválido. Pero la sensibilidad moral de uno se está modificando continuamente de

forma que si su atención se distrae una sola vez de sus sentimientos, suele ocurrir

que estos desaparezcan: si se encuentra comportándose con el otro del modo en

que lo hace con usted se encontrará perdonándole a su pesar. Pero si no es capaz

de sentirse permanente rencoroso [incluso] tras haber olvidado el motivo del mismo,

no tiene el derecho de ser un inválido. Tan sólo se podrá decir que tiene la

sensibilidad de un chiquillo y, no importa lo mucho que lo intente, nunca se

convertirá en un inválido de proporciones adultas. Puesto que, para esto, deberá

pensar de un modo tan egocéntrico como le sea posible y, además, de inculpar de

cualquier cosa desagradable que le suceda a los demás. Pero si se convierte en un

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maestro de la decepción en este sentido, pronto se dará cuenta de que, no importa

cuan afectado se vea en su forma de comportamiento, los demás no le prestarán la

atención equivalente a los esfuerzos que está realizando por lo que tendrá un

sentimiento de resentimiento. Pero no deberá dar rienda suelta sus resentimientos.

Para volverse fuerte no debe expresar el hecho de que está sufriendo lo más mínimo

– aunque en realidad un hombre fuerte mostrará constantemente sus resentimientos

[verbalmente] ante los demás. A fin de convertirse en un inválido deberá cargar con

sus sufrimientos, en vez de airearlos, expresando sus sentimientos a través de las

dolencias corporales.

El enfurruñarse, por ejemplo, es algo que se puede recomendar. Perder el apetito y

sentirse apático son también buenas estrategias. Lo único que no debe hacer nunca

es decir que su sensación de resentimiento se debe a tal o cual factor. Si lo hace,

todas sus buenas intenciones se irán consumiendo y perderá la facultad de originar

anormalidades en su cuerpo.

Aún así, incluso aunque cargue con sus resentimientos permitiendo que otras

personas lo sepan, es imposible mantener la atención permanente de los demás

durante mucho tiempo. Consecuentemente, su sentimiento de resentimiento crecerá.

En esta segunda fase el sentimiento de resentimiento crecerá por sí solo sin que

usted tenga que intervenir, por lo que no hay necesidad de hacer muchos esfuerzos.

Y entonces, si su sentimiento de resentimiento afortunadamente germina, le

provocará a la larga cambios corporales. El permitir que germine el sentimiento de

resentimiento no es algo fácil, tan sólo debe alimentarlo de forma que no explote en

arranques de ira contra la gente de su alrededor. No debe precipitarse.

Un cuerpo modificado es la semilla para convertirse en un inválido, por lo que no

debe empezar a hacer aspavientos apresuradamente; debe darse cuenta de que

está haciendo rechinar sus dientes y viendo las cosas como si fuesen realmente así

[de negativas] El avisar es necesario. Es más rápido y fácil hacer de una

enfermedad bien conocida una exclusiva suya. Los cánceres, úlceras y apoplejías

son desordenes apropiados a este respecto.

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EL ARTE DE CAER ENFERMO

(III – 2)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

La clave para volverse un inválido

Usted no se volverá un inválido por el mero hecho de contraer una enfermedad.

Incluso las personas saludables las contraen pero, al ser sanos de cuerpo y espíritu,

se recuperan por sí solos y no dejan rastro alguno de la enfermedad tras de sí. Pero

para un inválido la enfermedad es lo mismo que el dinero para un comerciante: si no

se permite que se acumule en ella el polvo si no que se la usa del modo correcto,

produce beneficios e intereses. Por eso debemos acometer en primer lugar el

problema de cómo emplear una enfermedad para convertirse en un inválido.

En primer lugar, debe sentirse ansioso, pero mientras está en el estado de sentirse

meramente ansioso, aún tendrá una medida de juicio. Deberá ir más allá de este

estado y volverse aterrorizado. Luego deberá dejarles claro a las demás personas

que está aterrorizado e intentando impacientemente curarse por sí mismo. Y si tiene

éxito en convencer a las personas de su entorno para que se asusten en su

beneficio, habrá conseguido el derecho de ser tratado como un señor. Podrá

permanecer tumbado y ordenar a su mujer que vaya y le traiga un vaso de agua o

de que le prepare deliciosas comidas. Podrá decir que tal plato no le levanta el

apetito o que le que le han dado no es lo suficientemente nutritivo. Podrá demandar

que le masajeen los brazos o las piernas. Así las personas sanas de su alrededor no

tendrán más remedio que obedecerle. Si el modo en que le tratan no es de su total

agrado, una buena táctica es gemir en alto – no necesita hacer las cosas que no

quiere hacer y u simple quejido hará que alguien acuda raudo para atenderle.

Si no se convierte en un inválido nunca sabrá lo placentero que es esto. Hay un viejo

dicho que dice, “Una vez que has mendigado por tres días, no serás capaz de parar”

Pero ser un inválido es incomparablemente más atractivo, puesto que tiene el anhelo

de que algún día mejorará y no se sentirá unido a su enfermedad; pero si le muestra

algo de esto a los demás no podrá ser llamado un inválido maduro con propiedad.

Deberá demostrar que está impaciente por ponerse bien; deberá criticar a los

médicos, los métodos de terapia y las medicinas, y deberá lamentar en voz bien alta

su mala fortuna. Las personas que no son inválidas tomarán sus lamentaciones

como la pura verdad. Es más fácil que engañar a un niño.

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Aún así, alguien que ha estado postrado en cama durante un año deberá ceder ante

lo que digan quienes hayan estado en cama durante tres años. Si tan sólo ha sufrido

durante un año no jugará en la misma división que alguien que haya sufrido tres. El

inválido auténtico sostendrá que a pesar de las atenciones de las hordas de famosos

médicos y de la administración de medicamentos maravillosos (¡no olvide mencionar

los nombres!), no a mejorado. No le quedará más remedio que embellecer los

hechos emitiendo quejas de su enfermedad tan vigorosamente como le sea posible.

A fin de poder hacer esto deberá aprenderse los nombres de todo tipo de

medicamentos nuevos y de los médicos famosos. Incluso para volverse un inválido

es necesario estudiar. Si simplemente sufre de brazos cruzados loa gente de su

alrededor se cansará de usted y le dará de lado. En consecuencia, deberá intentar

diversos métodos y regímenes, proclamando que no funcionan y quejándose por

ello.

Pero las palabras de alguien cuya especialidad es la de aseverar que algo no

funciona simplemente en él carecerán de veracidad, de forma que tendrá que decir

que posee una constitución especialmente débil. Y deberá demostrarlo. Tendrá que

engalanar su cama con partes de lectura de su temperatura, los resultados de las

pruebas de sus deposiciones, lecturas de la presión sanguínea, alinear filas de

medicinas, algunas de las cuales ni siquiera habrá ingerido, tener pilas de libros de

medicina y no deberá dejar de mostrar los titánicos esfuerzos que está haciendo por

mejorar.

Pero incluso si no tiene este tipo de ayudas, e incluso si no está enfermo, también

puede llegar a volverse un inválido a fuerza de repetir más de 150 veces “¿Debería

caer enfermo o no?” y, “Si enfermo, será algo terrible.” De hecho, no necesita de

nada. Pero no podrá permanecer como un inválido de tal forma por mucho tiempo

por lo que, después de todo, deberá conseguir montañas de certificados de que, en

efecto, está enfermo y, tanto si sus “señales” son buenas como no, deberá

mostrarse totalmente aterrorizado.

Nadie sabe que pasará mañana. Es mucho más inteligente y eficaz aterrorizarse por

lo que pueda pasar mañana que por lo que sucedió ayer. Una vez que haya

dominado el truco de hacer esto, entenderá que volverse un inválido no acarrea

siquiera la necesidad de estar enfermo. Puede establecer una tienda sin capital

alguno. Lo mejor es empezar cuando la gente de su alrededor tenga puesta la

atención en usted.

Una vez que se haya preparado para convertirse en un inválido habrá llegado la

hora de aprender el arte de caer enfermo sin capital; no se trata tan sólo de

enfermar. Si está en posesión tan sólo de los mínimos de una enfermedad – esto es,

anormalidades físicas – su enfermedad no durará. Para que le dure deberá aprender

unas cuantas técnicas.

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EL ARTE DE CAER ENFERMO

(IV – 1)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

Enfermar sin capital

Es difícil emprender cualquier proyecto si no se posee capital alguno. En el caso del

proyecto de enfermar, la enfermedad que no le supone desembolso alguno no

conseguirá la atención de las personas de su alrededor, sin importar el alboroto que

monte. Es tan sólo cuando los costes son tan altos que el bienestar de las personas

que le rodean se ve adversamente afectado que tendrá éxito en obtener su atención

y que actuación como inválido tendrá efectos sobre ellos. Si, sin tener capital,

intentar caer enfermos, terminarán por luchar contra ustedes mismos a menos que

sean extremadamente hábiles en el manejo de la situación. Y luchar contra uno

mismo es difícilmente satisfactorio puesto que uno enferma con el fin de obtener una

vida fácil y cómoda, incluso si eso acarrea gastar tanto dinero que uno dilapide su

fortuna personal. En vez de pensar en caer enfermo desde el principio, puede ser

mejor saltar ante un coche que esté a punto de detenerse. Indudablemente,

conseguirán atención de este modo. Sus heridas y sufrimientos tendrán un efecto

satisfactorio de afección en el corazón de los demás. Luego tendrán que buscarse

los modos de empeorar su estado físico y de prolongar su convalecencia; y si,

además, se mantienen en abusar del conductor del coche por lo que ha hecho,

pueden llegar a conseguir una vida cómoda por bastante tiempo. Pero si no son

hábiles desde el principio y meten la pata, podrán, por supuesto, morir. Una

enfermedad que han comprado barata no durará mucho y tampoco serán bien

tratados. Es doloroso enfrentarse a ello, pero empezar sin capital no es materia fácil.

Existe el dicho de que la fe mueve montañas. Si consiguen el método para hacerse

con este tipo de fe, no será cierto que no puedan enfermar sin capital. Las personas

que han desarrollado lo que podríamos denominar como “enfermedad de exceso de

higiene” y con obsesión por prevenir la enfermedad, deben nutrir los síntomas y,

generalmente, adornar las cosas si no quieren que los demás se aburran

completamente de ellos y, para esto, también necesitan el sustento de la fe.

Pero para una persona corriente es difícil incrementar los latidos por veinte o subirse

la temperatura dos grados, por muchos esfuerzos que haga. E incluso alguien que

tiene fe no puede provocarse una hemorragia en los pulmones. Todo lo que pueden

hacer es adquirir una expresión de amargura en su cara, pero no habrá nadie que

simpatice con ellos, por lo que será inefectivo.

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Debido a que está actuando por medio de su fe consciente le será difícil obtener

cambios corporales, pero si, en algún momento, decide emplear la capacidad de la

mente de inventar imágenes por sí misma, podrá conseguir cambios en su cuerpo

sin siquiera tener fe en ello. Hay personas que se sonrojarán cuando embarazoso

pasa por su mente, incluso si están solas en una habitación. El olor de un pescado

friéndose hará surgir en las mentes de algunas personas la imagen de un plato de

pescado fresco frito y como resultado empezarán a salivar. Habrá personas que

salivarán con el pensamiento de una ciruela en salmuera. Si algo se mete en la

mente, incluso las emociones pueden ser provocadas. Una persona se volverá feliz

si por su mente se cruza un pensamiento feliz, otra sollozará si es algo desgraciado.

Los cambios se pueden provocar así incluso con las secreciones corporales, la

circulación de la sangre y los procesos digestivos.

Deben entender que la técnica más básica en el arte de enfermar cuando no se

dispone de capital de arranque consiste en la utilización de la capacidad por medio

de la cual se introducen las cosas [ideas] en la mente.

Imaginen que se les pone un cuenco de arroz blanco en el que hay gusanos

alimentándose de excrementos. Antes de que consideren que se trata de un plato

que contiene proteínas, ciertamente su apetito habrá desaparecido. Los gusanos y

las moscas son, definitivamente, fuentes de proteínas y, además, al haber sido

hervidos con el arroz, habrán sido esterilizados; seguramente no hay diferencias

entre un cuenco de arroz con gusanos y otro con pescado frito. Pero incluso aunque

esté de acuerdo con las cosas expuestas en estas líneas, antes de que empiece a

considerar así las cosas, su apetito le habrá desaparecido; así pues este es un

método excelente.

Así se preguntarán si no habrá moscas o gusanos en sus cuencos, los buscarán y,

tras comprobar que no hay ninguno, podrán empezar a llevarse el arroz a sus bocas.

Pronto descubrirán si hay moscas, pero los gusanos se parecen mucho en color al

arroz por lo que deberán ser extremadamente cuidadosos en su examen. Deberán

proseguir con este examen meticuloso durante una semana con todas los alimentos.

Si no encuentran gusanos otra buena idea será la de imaginar que alguien les está

poniendo veneno en la comida y tomar las precauciones correspondientes.

Es cierto que durante un tiempo podrán evitar que su estómago segregue jugos

gástricos y desorganizar sus funciones digestivas. “El gato se está lamiendo, pero no

creo que importe, aunque le vi masticando una rata en el jardín hace un rato” – si

consigue algún tipo de apoyo de alguien más, las cosas serán más fáciles que

cuando intentan imaginárselas por sí mismos. ¿No podría ser cancerígeno el

colorante empleado en la elaboración de estos pasteles? ¿No habrá huevas de

lombrices intestinales en estas verduras? Puede que ella haya empleado estos

palillos de comer para coger los trozos de la rata que se estaba comiendo el gato.

Cuando hizo este té, seguro que lo mezcló con lo que le sobró del de ayer. La

imaginación es libre. El asunto está en emplear su imaginación e inventar cosas tan

libremente como puedan. Aún con todo, aunque puedan perder su apetito con

alguno de estos métodos, no les durará. Para que la falta de apetito realmente les

dure, deberán mantener sus precauciones de examinar la comida y, al mismo

tiempo, tener una sensación de resentimiento al tiempo que lo hacen.

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EL ARTE DE CAER ENFERMO

(IV – 2)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

Enfermar sin capital

Aunque tengan un sentimiento de resentimiento está totalmente prohibido que le den

publicidad. Cuando surja en ustedes un sentimiento de resentimiento deben hacer

un esfuerzo y sonreír dulcemente, soportar la situación y comer lo que tienen ante

ustedes con total muestra de placer. Pero si, habiendo rechinado sus dientes y

amablemente comido lo que les han puesto, se les pregunta si desean una segunda

ración, su capacidad de agente puede colapsarse repentinamente. Si despiertan sus

poderes de aguante y se comen esa segunda ración, sus estómagos cesarán de

segregar jugos gástricos durante mucho tiempo. Luego las cosas les irán como la

seda si deciden qué pueden comer o no, se preocupan si no están teniendo

suficientes nutrientes, mastican su comida a disgusto y tan sólo dicen “Esto sabe

espléndidamente”; habrán obtenido la actitud básica para desarrollar una disfunción

estomacal.

Algo [una idea] que penetra en la mente estimula las emociones y, una vez que este

mecanismo se ha fijado, habrán dado el primer paso para caer enfermos; pero si han

hecho esto con la esperanza de enfermar, por supuesto que no les funcionará. El

simple de hecho de recitar “No quiero enfermar, tengo que conseguir la cantidad

suficiente de nutrientes” sin tener el sentimiento subyacente de ansiedad de que

realmente no están obteniendo una nutrición suficiente, no tendrá como resultado

que consigan tener un desorden estomacal.

Necesitan tener una fuerte base como es el caso de una suegra o una nuera

regañonas; y a fin de imaginar cosas de modo que sus emociones se pongan en

marcha, se necesita fe. Los pensamientos de una persona normal vagan

constantemente de un objeto a otro, de modo que le es difícil mantener tal fe. Por lo

tanto les será difícil enfermar por medio de sus poderes mentales, pero si establecen

una base por medio de la cual sus emociones se puedan agitar sin moderación todo

el tiempo, les será muy sencillo. Para esto, un requisito previo es el rechazo a uno

mismo. Tan sólo por medio de la represión de sus deseos sexuales podrán sus

emociones agitarse sin moderación alguna con apenas un pequeño estímulo. No

deben menospreciar este tipo de esfuerzo si desean enfermar sin tener el capital

inicial para hacerlo.

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Si tan sólo rumian las cosas en su cabeza, no desarrollarán un mal funcionamiento

satisfactorio. Pero si en algún momento enlazan la energía reprimida con la

imaginación, desarrollarán una obsesión. La creencia de que sus estómagos son

débiles debe fijarse en sus mentes. Entonces, incluso aunque lo olviden, actuarán

conformes a la convicción de que sus estómagos son débiles. Su estado será así

uno tal que su vida estará regida por una obsesión.

Una víctima de tuberculosis, digamos por ejemplo, se tomará la temperatura

[corporal] y si esta es baja se dirá así mismo “No debería estar tan baja.” Y lleno de

ansiedad por que debe de haber un error, se tomará la temperatura de nuevo. Si

encontrase que está teniendo algo de fiebre, le surgirá una sensación de alivio. Eso

es una obsesión. Una vez que hayan llegado a conseguir una obsesión, no podrán

tan sólo no controlarla con su mente consciente, sino que se expresará en su

comportamiento físico incluso aunque piensen de modo opuesto a su obsesión. Un

ladrón habitual siempre está mirando hacia atrás por encima del hombro. Incluso

aunque no debe hacer esto ante otras personas, inconscientemente lo hace. El

mismo no sabe porque lo tiene que hacer e incluso no tiene la intención de hacerlo.

La acción es la expresión de su obsesión por robar a los demás. Si la idea “Tengo

una constitución débil”, “Mi enfermedad es grave”, “Básicamente soy inseguro” o

“Soy un neurótico” anida en sus mentes, después de todo, incluso sin hacer esfuerzo

alguno, su obsesión les conducirá en la dirección que les indique, por lo que serán

capaces de enfermar por el simple hecho de permanecer de brazos cruzados, por

poner un ejemplo.

Pueden conseguir cambios en sus secreciones corporales y en la circulación de la

sangre simplemente albergando alguna vaga idea o alguna cosa en su imaginación,

y si puede juntar esto con la represión de sus impulsos sexuales lo habrán

conseguido. Por esta razón es por la que le es difícil a las personas que son activas

y no vegetan.

La fijación subconsciente de un apego engañoso es la clave para caer enfermo sin

tener nada, pero la clave no tiene utilidad alguna si no saben como emplearla. Pero

ante todo tienen que cerciorarse de la necesidad de reprimir sus impulsos sexuales

por lo que les aconsejaría que empezaran a trabajar en esto inmediatamente.

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EL ARTE DE CAER ENFERMO

(V)

Por Haruchika Noguchi

Traducción: Luis Crespo

Cómo hacer uso de la publicidad

La televisión, la radio y los periódicos son provechosos. Ante todo, deben leerse con

toda atención los anuncios de los fabricantes de medicamentos. Deberán

preguntarse porqué no tienen un problema con síntomas similares a aquellos para

los que se ha desarrollado cierto tipo de medicina, teniendo que examinar sus

cuerpos para ello. Es muy conveniente ser un humano puesto que un cuerpo tiene la

capacidad de desarrollar muchas enfermedades pudiéndose encontrar, si llevan a

cabo sus investigaciones con cuidado, prácticamente los síntomas de cualquier

enfermedad. Sólo dos de cada 100.000 personas no poseen rastro alguno de

enfermedad mental alguna, por lo que no es absurdo decir que, si las 99.998

personas restantes se examinaran cuidadosamente podrían decir que sufren de tal o

cual enfermedad mental. Así pues, pueden emplear incluso enfermedades mentales

complejas; de modo que en el caso de enfermedades normales tales como úlceras,

diabetes, presión sanguínea alta y neurosis, las cosas serán mucho más simples.

Examinen la publicidad durante una semana y comparen uno por uno los síntomas

con los que encuentren en ustedes, si los encuentran, empiecen a preguntarse

porqué no han comenzado a desarrollar tal o cual desorden. Habiendo hecho esto

durante una semana, se encontrarán con que, incluso aunque dejen de examinar los

anuncios uno por uno, los síntomas y los desajustes corporales similares a los de la

publicidad aparecerán constantemente en su mente. ¡Si empiezan a tener en mente

que realmente tienen estos síntomas y se crean el marco mental por el que piensan

que deben tener cuidado de su salud, será perfecto! A no pasar mucho tiempo se

manifestará en sus cuerpos lo que tengan es sus mentes.

Si compran y toman rápidamente el medicamento que se ajusta a sus síntomas,

verán mitigada sus penas inmediatamente y al instante su presunto desajuste se

habrá tornado real. Para llevar a cabo la acción con lo que tienen en sus mentes

deben reconducirlas. Incluso aunque no tomen medicinas, si siguen algún tipo de

línea médica que se supone les liberará de los síntomas que padecen, el resultado

será el mismo. Así pues, si emplean todos los anuncios que les rodean del modo

apropiado, les será posible crear una enfermedad real. Lo importante es ver los

anuncios con la mirada de la fe.

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Una Aproximación Opuesta

Otro método – que tiene los mismos efectos que el de leer los anuncios – es el de

decir que los síntomas descritos en los anuncios no tienen nada que ver con uno, y

denegar desde lo más profundo que se tengan tales síntomas. Luego se quejarán de

la publicación de tales anuncios como una forma de impertinencia, se enfadarán y

harán lo opuesto de lo que les aconsejen hacer. Para cualquiera que les diga que

deberían de parar en su comportamiento, les dirán, “Me estoy entrenando”, y

persistirán con coraje en su actitud. Este método es más eficaz que el antes

descrito. Pronto caerán enfermos. Pero deben tener cuidado puesto que, si no son

capaces de controlar sus energías suficientemente, de hecho desarrollarán una

constitución física saludable.

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